jueves, mayo 03, 2007

outoutoutoutoutout-out

Miró hacia lo alto, muy por encima de su cabeza. Su mirada se abrió paso suavemente entre los rayos del sol que se filtraban en la pesada aunque etérea inmensidad acuosa en que se encontraba. Miró hacia lo alto, hacia el lugar en donde ella creía que había un cielo devolviéndole la mirada, mientras el suave vaivén de las profundidades le agitaba el pelo rítmicamente al son del planeta. Miró hacia aquel mítico lugar en donde le habían dicho que podría volar, que estaba lleno de plumas y de sueños y en el cual el aire puro sería capaz de remontarla incluso hasta los mismos límites de la atmósfera. No podía evitar imaginarse allí, flotando delicadamente, rozando apenas las nubes con la punta de sus dedos, estirándose hasta sentir los límites de su propio cuerpo, pequeño y frágil, irradiando su luz hasta que extenderla más allá de cualquier impedimento físico, con la suficiente fuerza como para ser apreciada desde afuera por un observador lo suficientemente atento.

Y así, de improviso, sintió toda la fuerza del más profundo anhelo de su corazón. Después de haber estado gritando encerrado en un tapper hermético por unos cuantos años, se hacía sentir e imponía su presencia con toda intensidad, tornando inútil cualquier tipo de argumento en su contra, cualquier frágil intento por ocultarlo y sepultarlo bajo los fundamentos de la Razón.

Abrió los ojos en un repentino tomar de conciencia, en un impactante darse cuenta y el viento, de improviso, le arrancó una lágrima. La primera de muchas, largamente escondidas, pretendidamente negadas, con tanto esfuerzo dejadas a un lado, apretujadamente metidas dentro del cajón donde ponemos todas aquellas Verdades sobre nosotros mismos que no queremos enfrentar. Pero ahora el cajón se había abierto, se le había quebrado la tapa, y un abrumador flujo de sensaciones cubrió por completo su cuerpo, llenando todos lo espacios y dilatando sus sensores nerviosos hasta su máxima expresión. Pero no fue algo agradable. De repente, tomó conciencia del agua que estaba invadiendo sus pulmones, llenándole la tráquea, la boca, la nariz, fue conciente del líquido que la rodeaba por todos lados, que la hundía, que no la dejaba levantarse, que le impedía flotar e impulsarse para llegar a la superficie para tomar una bocanada de aire fresco. El contraste entre la realidad y su hermosa imaginación fue tal que no pudo evitar que un tierno gemido escapara de sus labios y se elevara buscando la calidez del sol en forma de pequeñas burbujitas. Y entonces lo comprendió.

Aún estaba viva. Aún podía respirar, porque aún había aire dentro de ella. Y el aire significa plumas, y las plumas significan vuelo, y el vuelo significa sueños, y los sueños significan vida, y tener vida significa que no todo está perdido, que nunca es demasiado tarde para intentar nacer de nuevo, para brillar y volver a ser esa persona radiante que una vez se fue pero que quedo atrás, apagada por exceso de razón, exceso de realidad, exceso de tierra en los pies o de pies en la tierra.

El resto, interpretación personal.