viernes, octubre 31, 2008

miércoles, octubre 29, 2008

HaLloWeEn

Yyyy sí, se acerca mi fiesta favorita del año (después de mi cumpleaños)

Señoras, señores, por favor, NECESITO una fiesta de disfraces.






POR FAVOR.







(aquellos a favor de hacer una en mi casa, por favor comuníquense con la facultad de arquitectura de la uba para que cancelen las entregas de la semana que viene. gracias.)

lunes, octubre 27, 2008

God, I missed you SO much.
Thanks for coming back.

:)




Hay veces en que me pregunto si vale la pena poner por escrito todo lo que nos dijimos. Sobre todo cuando la parte esencial reside en tan poco. Tus ganas de que vuelva a acercarme, y mis ganas de no alejarme más. Tus ganas de escucharme, pero también de discutir. Mis ganas de contarte, y de aprender a discutir un poco también, porque sé que me estás escuchando. Volver a abrir viejas puertas que habiamos cerrado, puertas por las que entra tanto el sol como el temporal, el calor y el granizo, la helada y la sequía... Pero ya no hablemos del clima. Ya no más.

miércoles, octubre 22, 2008

domingo, octubre 12, 2008

notas viejas, revividas

Abrió los ojos.



Fue al baño. Se cepilló los dientes. Se miró en el espejo.
Desvió la vista, apoyó las manos en el lavatorio. Volvió a mirarse.

Fue hasta la cocina, se tambaléo. Se preparó el desayuno: té negro, galletitas, miel. Puso el mantel en un rincón libre de la mesa. Taza, azúcar, cuchara.
Se sentó.


Se miró las manos, volvió a pararse, fue al baño, se lavó las manos, esquivó el espejo, se sentó otra vez.
Observó el vapor que emanaba la taza, miró luego a través de él.

Comenzó a comer con rapidez; un mordisco a una galletita, un sorbo de té, otro más, listo.
Con el último trago sintió que algo pequeñito, como un diminuto grano de arroz, se le atoraba en la garganta; algo lo suficientemente molesto como para sentir su presencia sin que le dieran ganas de toser. Tragó saliva, nada. Otra vez, no; seguía ahí.

Miró el cadáver de su desayuno por unos segundos más. Lo llevó a la cocina, se vistió y salió. Volvió, puso llave y se fue.


Afuera la gente gesticulaba como si fueran gigantes. Los perros ladraban. Los autos rugían. Sus propios zapatos tronaban. El grano de arroz había aumentado ligeramente, como si ya no estuviera crudo sino cocido.


Chocó, la chocaron, le pidieron disculpas. Siguió caminando. Contaba las líneas del suelo, trataba de que su pie entrase siempre y exactamente dentro de una baldosa.
Paró en una esquina. Le tocaron el hombro. "Le está sonando el celular". ¿Qué celular? Rebuscó en su bolso, estaba. Apretó la tecla verde y una de las tantas voces estridentes en su cabeza se calló. Lo acercó a la oreja.

"¿Vas a venir? Así le aviso a Diego y a Cari".
Su boca dijo que sí, pero la voz no era suya.

"Dale, te esperamos así que no tardes. Fijate porque el subte tiene retraso. ¿Me estás escuchando?"
Su boca repitió el sí, único vocabulario de la voz desconocida. El grano de arroz ya tenía el tamaño de un garbanzo y le costaba hablar, sea con su voz o con cualquier otra.

"Estás rara, después me contás qué pasa. Ahora tengo que ir a comprar la carne. Ah, ¿te dieron los resultados ya?"




El garbanzo explotó. Su boca se llenó de algo salado.




Tropezó.
De rodillas, escuchó cómo la voz en el celular moría con un golpe seco contra el piso.




Se miró las manos.
Lloraba.











la fobia al futuro, existe?