may be this time is different...
viernes, diciembre 05, 2008
cerrar los ojos
meterme hacia dentro
flotar un rato
mirarme la panza
juntar las piernas
hacerme un bollito
abrazarme con fuerza
tratando de achicarme aún más
cerrarme
meterme hacia dentro
acruncharme
apretar
la cara contra las rodillas
las rodillas contra el pecho
los brazos, las manos, los pies
con fuerza, de a poco
fundirme
y ver
ver si sigo ahí, en algún lado
buscarme
encontrarme, eventualmente
mirarme a la cara
y decir, por fin
meterme hacia dentro
flotar un rato
mirarme la panza
juntar las piernas
hacerme un bollito
abrazarme con fuerza
tratando de achicarme aún más
cerrarme
meterme hacia dentro
acruncharme
apretar
la cara contra las rodillas
las rodillas contra el pecho
los brazos, las manos, los pies
con fuerza, de a poco
fundirme
y ver
ver si sigo ahí, en algún lado
buscarme
encontrarme, eventualmente
mirarme a la cara
y decir, por fin
ey...
volví
miércoles, diciembre 03, 2008
más notas viejas
Mi birome explotó de nuevo. Ya no sé si quiero buscarle significados... que es la birome con la que me iba a recibir, es con la que suelo escribir, etc... basta. Basta de todo, de una vez.
La luz del sol tiene ese resplandor metálico que indica que no es completamente pura, sino que hay algo que se está interponiendo a su paso en su esfuerzo por tocar la tierra.
Y Yann Tiersen, y el tipo de Indianápolis con sus ojos celestes, y Aixa, y él (pero que nunca es él, sino otro, muchísimo más antiguo). Y mis deseos, y mis ganas, y mis miedos. Y el piano, el árabe, el francés, los cuadernos de notas, el mar, los viajes. Lo que quiero decir y no me sale, lo que quiero escribir y no me funciona la tinta, lo que quiero hacer y no me animo. ¿Me animo? Quiero. Pero de verdad quiero. Y la cabeza que me estalla, y lo ridículo de un renglón, y la buena idea que siempre se me escapa. Este cuaderno, mis manos, mis lágrimas, mi vieja. Mi vieja y todo lo que yo quiero y no puedo ser. Todo lo que puedo y no me animo a ser. Todo lo que soy y no me atrevo a reconocer. Asfixia, otra vez, como siempre.
Un reflejo violeta sobre un CD, imagen deformada de lo que pasó teñido por la música infernal de un recuerdo. Un cielo invertido, un sol en sangre, una reja que me deja salir en lugar de encerrarme.
Y si las alas salieran del corazón y no de la espalda, ¿no seríamos deformemente hermosos? Volando de forma invertida, con la cabeza colgando hacia abajo, viendo sólo el cielo en lugar de la tierra y la abrasadora blancura de nuestras propias alas. ¿No es así como vuelan los locos? Mirándolo todo desde otra perspectiva, perceptere, percibiéndolo todo desde otro ángulo, sin necesidad ni de mirarlo a veces. La cabeza sumergida en el aire, la infinidad del universo abriéndose para nosotros, envolviéndonos, incitándonos a dejarnos llevar, a elevarnos más, dejar el pecho y hundir las alas en la oscuridad salpicada de pequeños destellos, pequeños y lejanos otros-nosotros.
La luz del sol tiene ese resplandor metálico que indica que no es completamente pura, sino que hay algo que se está interponiendo a su paso en su esfuerzo por tocar la tierra.
Y Yann Tiersen, y el tipo de Indianápolis con sus ojos celestes, y Aixa, y él (pero que nunca es él, sino otro, muchísimo más antiguo). Y mis deseos, y mis ganas, y mis miedos. Y el piano, el árabe, el francés, los cuadernos de notas, el mar, los viajes. Lo que quiero decir y no me sale, lo que quiero escribir y no me funciona la tinta, lo que quiero hacer y no me animo. ¿Me animo? Quiero. Pero de verdad quiero. Y la cabeza que me estalla, y lo ridículo de un renglón, y la buena idea que siempre se me escapa. Este cuaderno, mis manos, mis lágrimas, mi vieja. Mi vieja y todo lo que yo quiero y no puedo ser. Todo lo que puedo y no me animo a ser. Todo lo que soy y no me atrevo a reconocer. Asfixia, otra vez, como siempre.
Un reflejo violeta sobre un CD, imagen deformada de lo que pasó teñido por la música infernal de un recuerdo. Un cielo invertido, un sol en sangre, una reja que me deja salir en lugar de encerrarme.
Y si las alas salieran del corazón y no de la espalda, ¿no seríamos deformemente hermosos? Volando de forma invertida, con la cabeza colgando hacia abajo, viendo sólo el cielo en lugar de la tierra y la abrasadora blancura de nuestras propias alas. ¿No es así como vuelan los locos? Mirándolo todo desde otra perspectiva, perceptere, percibiéndolo todo desde otro ángulo, sin necesidad ni de mirarlo a veces. La cabeza sumergida en el aire, la infinidad del universo abriéndose para nosotros, envolviéndonos, incitándonos a dejarnos llevar, a elevarnos más, dejar el pecho y hundir las alas en la oscuridad salpicada de pequeños destellos, pequeños y lejanos otros-nosotros.
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