domingo, abril 27, 2008

taller

Me llamo Ana y acabo de enterarme de que estoy embarazada. Solamente hoy tuve el valor de hacerlo, de enterarme. Solamente hoy pude sentarme en el bidet, llenar el minúsculo vasito con un pis oscuro y oloroso, dejar que la varita repose en el costado y esperar. Esperar pensando qué haría si eran dos las líneas rosas que aparecían.

Compré el test el lunes y hoy es sábado: toda la semana lo llevé en la cartera y ni siquiera pude sacarlo. Pero después de veinte días de atraso no podía seguir esperando. Sin embargo creo que la espera encerraba la sospecha del resultado positivo.

Ahora estoy sentada en la cocina y juego con la varita entre los dedos, mientras se enfría el café. Porque después de ver las dos líneas rosas -una oscura, fuerte y la otra levemente indefinida- caminé hasta la cocina y comprobé que en la heladera solo había un par de limones, algunos sobres de mostaza y un frasco con café.

Siento el café rancio en la garganta y ni siquiera miro el reloj porque sé que cuando termine de tomarlo tengo que salir a trabajar. Hoy la radio dijo que había alerta meteorológica y que convenía no salir a la calle. Decirlo se dice fácil, pero ellos no me van a pagar el alquiler, los impuestos, ni siquiera este café amargo que ahora tengo en la boca. Y ni hablar de criar un hijo, darle de comer, vestirlo, educarlo y todas esas cosas que se supone que las madres hacen. ¿Hacemos?

Cierro los ojos y tomo coraje. No termino el café, el olor me descompone, y con algo de esfuerzo junto mis cosas y salgo a la pesada humedad de la calle. Resoplando, pienso cuánto detesto, a veces, ser mujer.

Daniel se ríe a carcajadas en el teléfono.

- ¿Un hijo? Estás loca. Ni en pedo.

Fue un desliz, me dice. Te hubieras cuidado más. Y como siempre, la culpa de todo lo que pasa, de todo lo que está mal, la tengo yo. Y supongo que por eso apareció Oscar, pienso de pronto, para recordarme que algunas cosas que están mal te hacen sentir bien. La burlona voz sigue zumbando en el teléfono. ¿Por qué no abortas? me dice.

- ¡¿Abortar?! - no puedo dar crédito a mis oídos. El loco serás vos.

Abortar. ¿Quién se piensa que es? ¡Quién se piensa que soy! No soy un monstruo. Furiosa, apago el celular, decidida a mandar a Daniel y a todo su simplismo masculino a algún lugar muy muy lejano. Refunfuñando, en el fondo me cuesta reconocer que pese a toda su idiotez algo de razón tiene. ¿Qué voy a hacer con el nene?

La bocina del auto me devuelve a la calle atestada de gente, con el olor a tormenta en el aire. El ruido me aturde un poco, aunque creo que lo que más me aturde es ese último pensamiento. Sigo caminando sin sentir mucho mis pasos ni la ropa pegada a mi piel, y entro en la oficina. El golpe de frío del lugar me marea un poco, pero no le presto atención y me siento en mi escritorio, sólo para descubrir que Vanesa está enferma y que tengo laburo doble. Rumiando mi mala suerte, miro distraídamente por la ventana. Hay una plaza con varias hamacas y un arenero, pero no la veo realmente. Simplemente arrugo la nariz pensando en el día interminable que me espera.

A las siete y media salgo al calor pegajoso de la calle otra vez, y siento el suelo vibrar por el subte que avanza y se retuerce a varios metros bajo tierra. Zigzagueo entre la gente con paso firme, decidido, aunque por dentro me siento pequeña, frágil, y tal vez un poco sola. El aire se condensa pesadamente a mi alrededor, mientras pienso en lo dulce que había sido Oscar aquella noche pero en lo vacía que sería toda una vida a su lado. Suspirando, me río un poco de mí misma. La crianza de mis viejos está más presente en mí de lo que creí: no puedo evitar pensar en un hijo sin asociarlo al matrimonio. El olor a frito en el aire me provoca náuseas, pero esta vez no me molestan. Al contrario.

Un hijo. Sin Danieles ni Oscares. ¿Por qué no?



Suave, muy suave, empezó a llover.


* * *

Pasaron ya seis meses, y estás bastante grande. Me siento pesada al caminar, pero es una sensación agradable, porque sé que vale la pena. Después de todo lo que pasó –lo que pasamos– tiene que valer la pena. Si tan sólo me dejaran en paz… por más que demuestro una y mil veces, tanto a ellos como a mí misma, que puedo sola, la gente se empeña más y más en tratarme como una inválida, como una carga. En especial el molesto de Oscar, al parecer no le entra en la cabeza que no lo necesito, que sólo te necesito a vos. Que sólo nos necesitamos los dos.

Y Daniel… más vale lejos que cerca. Se puso como loco, ¿te acordás? Casi nos lastima en serio. En fin, un psicópata. Es preferible no pensar, no recordar.

La cena está casi lista, espero que te gusten estas milanesas porque sino creo que puedo llegar a morirme de la acidez. Sos un pibe complicado, vos. Que antojos por acá, que acidez por allá, patada de por medio, mucho carácter. Y casi sin darme cuenta, siento cosquillas en los labios, sonrío... Yo también tengo carácter, quizá nos cueste entendernos al principio. ¡Pero qué importa! Ya no puedo esperar a que salgas, a conocerte, a conocernos. Aunque también me da mucho miedo, claro. No porque no sepa cómo cuidarte, ese miedo lo tiene cualquier madre, y si bien dicen que mal de muchos es consuelo de tontos, no me van a negar que uno se relaja un montón cuando sabe que no es el único. No, no es ése el miedo que tengo. Es a tus preguntas a las que les tengo miedo. Porque los chicos preguntan, ¿sabés? y si no empezás preguntando vos van a preguntar los otros, y te van a plantar ideas en la cabeza y hasta tal vez creas en sus versiones y te saques las dudas con ellos y no conmigo. Por eso te digo esto ahora, que estamos cerquita. Yo peleé por vos. Porque te quiero. Porque habían muchos que no lo entendían, no entienden cómo puedo quererte tanto sin conocerte, sin saber siquiera cómo podés llegar a ser, si vas a tener el pelo rubio y sin vida de Daniel o los rulos gruesos color chocolate de Oscar. Pero ellos qué saben… capaz salgas medio castaño, medio trigueño, como tu mamá. ¿Por qué tenés que parecerte a un papá biológico indefinido, un papá que nunca existió, que se borró antes de empezar? Sí, ya sé que la culpa fue mía, pero entendéme. Son cosas de grandes, no se pueden explicar así nomás, es complicado. Otro día sí, cuando seas más grande. Cuando nos entendamos más, cuando podamos crecer sin miedo, no como ahora. Al pensar que estamos rodeados de cajas y de mudanzas me da un nosequé en el estómago, me encantaría que todo fuese diferente. Pero vos no tenés la culpa, la tiene Daniel, por psicópata. Por querer separarnos, por no bancarse que tal vez no seas suyo. Y eso es lo más ridículo de todo, que cuando pensaba que sí eras de él igual no te quiso, no quiso saber nada de vos, nunca se preocupó por conocerte. Pero por suerte estaba Oscar (¿el “tío” Oscar?) y se lo llevó. No sé qué pasó, no quiero saber y prefiero no pensar. Y aunque trato, sigo soñando con lo mismo, con los gritos. Con mis gritos. Y con los tuyos, pero nadie más que yo te oía. Estabas asustado, ya sé, pero es bueno que sepas que está bien gritar, a veces. Las milanesas se están por quemar, así que mejor me dejo de hablar estupideces y me concentro en la comida. Tengo las mejillas mojadas, y no entiendo muy bien por qué, después de todo vamos a estar bien, ¿no? En esa otra ciudad, con otra gente, con otras caras… Pero es que va a ser muy duro, ¿entendés? Me siento muy sola a veces, pero prefiero seguir así antes que confiar en cualquiera, porque cualquiera, al fin y al cabo, es nadie. No me hagas caso, no te preocupes. Me angustio porque sos un tanto pesado, nada más, hay veces en que me da miedo no poder sostenerte sola en mis brazos, pero me voy a hacer más fuerte, te prometo. Y por más que estemos solos, vamos a seguir adelante. Porque no estamos solos, estamos juntos.



...porque no estamos solas, estamos juntas.

lo que empezó como escritura por obligación,

terminó por revelar cosas de mí que no quería saber que existían...


un poco de mi historia también, quizá...


martes, abril 15, 2008

gratis



Me e s t i r é para alcanzar
una porción de la lOcUrA
y así traer
lo que a vos te es invisible
lo que nunca percibiste
lo que bajo tus narices
nunca entenderías.

Y conocé
que la vida no termina
donde vos lo ves
ser así no cuesta nada.

Mi viaje sin humildad
al corazón de la basura
lo hice por mi
como me sobra reparto
no me guardo el secreto
y te convido con palabras las mil maravillas


°by Babasónicos

sábado, abril 12, 2008

hello... is there anybody in there?

vení.

dale, vení.

vení conmigo, animate. salgamos.




sentís el piso? esta frío, pero del frío agradable, del que hace cosquillas, y no del que te perfora los sentidos como miles de agujas heladas.
sentís el viento? es áspero, pero del tipo de aspereza que limpia impurezas, que erosiona lo que está mal para que la esencia de las cosas pueda salir y respirar.
sentís mis manos? son cálidas, para que el único frío que sientas sea el del piso bajo tus pies; y suaves, para que lo único que te raspe sea el viento en tu cara; y están acá, para que todo lo que sientas es que no estás solo.

vení, sentí, sentí mi cuello. no, con una no, con las dos. sentís?
es mi pulso. es mi vida. es la vida que quiero compartir con vos, son las ganas de reírme con vos, es el aire que va a mis pulmones y a los tuyos, es el tiempo que quiero que respires a mi lado.

vení, te animás?
no tengo nada que ofrecerte. sólo tengo mi vida a cuestas, y quisiera que la veas de cerca, que me veas de cerca (y en lo posible que no te asustes).
quiero verte de verca (y prometo disimular si me asusto).
quiero verte; quizá me gustes, quizá no, quizá incluso no te banque, pero no importa, lo único que no quiero es cerrar los ojos.
no quiero volver a cerrar los ojos, quiero abrirlos.
y si pudiera elegir qué es lo que quiero ver cuando los abra, te elegiría a vos.





estoy aprendiendo a caminar, y tengo un espacio libre a mi lado.
venís?






... I have become
comfortably numb