domingo, abril 01, 2007

lier liar lair lira rial rila aril alir reil

Los dejaba un poco fuera de lugar esa manera suya de quedarse repentinamente inmóvil ni bien escuchaba algo que no le gustaba; ya sea un reto (mentiste), ya sea un consejo (hacete cargo), ya sea una lección de vida que fuese en contra de su estilo propio y personal de pensarla y actuarla. Los ojos abiertos, las cejas arqueadas, el rostro sumido en una muda expresión a medio camino entre la atención absoluta y la sorpresa, envuelto en aires de pretendida inocencia e ignorancia total de los hechos; pero aún así inmutable, perfectamente vacío, una máscara maravillosamente labrada y virtuosa por demás al momento de enmudecer y cubrir cualquier asomo de sentimiento que quiera escaparse por los ojos -mejor conocidos, con frecuencia, como la ventana del alma-. Y lo que más escalofríos les causaba era el hecho de que contaba apenas con 10 años.
Tan sólo diez años de una corta vida, y ya era una máquina perfecta para elaborar y sostener mentiras.

Giving it a second thought, lo peor de todo no era eso, sino que la misma reacción podía apreciarse ante cualquier cosa potencialmente peligrosa. Peligrosa en el sentido de que pueda llegar a lastimarla, o hacerle sentir atrocidades tales como tristeza, enojo, soledad, culpa, incluso dolor, ese mismo dolor por el que todos alguna vez pasamos y enfrentamos por saber, conscientemente o no, que la única manera de crecer es atravesarlo. Más que una máscara, podría decirse que era una armadura. Más que una armadura, podría decirse que era una coraza. Más que una coraza, podría incluso decirse que era frialdad pura, una capa de hielo tan espesa que ni el más piercing de todos los soles podía atravesarla y llegar al último rastro de calidez que quedaba en el fondo, como cuando se intenta lavar un vaso de talle fino para sacar todo tipo de impurezas pero nunca se puede llegar al fondo, por la imposibilidad y el absurdo fisiológico que implica intentar meter una mano normal en un espacio demasiado angosto, mientras la mugre se acumula allí a donde no se puede llegar, no se puede purificar, no se puede arrancar las costras de dolor para mostrarle que a través de un vidrio limpio si puede volver a pasar la luz, por más que cueste limpiarlo y que la mano termine seriamente lastimada.
Y ya me fui al carajo de nuevo, como siempre, para variar.