sábado, abril 07, 2007

Jueves, entre bichos y ruinas

Amo San Ignacio de noche. Dudo que pueda existir algo más hermoso que la imponente vista de la Luna desgarrando la intensidad de la selva como si fuese un helado y blanco sol de noche. El jugo blancuzco y luminoso de las estrellas filtrándose entre el follaje, los dedos de blancura etérea del gran astro de la noche entrelazándose con las ramas, los árboles, los bichos, la oscuridad, estirándose en un esfuerzo interminable por tocar la tierra, la roja tierra de este verde monte bajo el blanco sol. Dedos gaseosos, vapóreos, translúcidos, luminosos, blancos como la fría neblina matinal de un día de julio -o de enero- en algún lugar -donde haya nieve-.