sábado, abril 07, 2007

Cosas de San Ignacio

Una hamaca paraguaya de múltiples colores; una siesta con interrupciones; un cd de UB40 en un equipo que lo raya; una tuna con flores parecida a un cactus sin espinas; una serie de sueños más reales que la misma realidad, que se torna (más) absurda e incoherente ante la aplastante -aunque ridícula- lógica de aquéllos; una pregunta incoscientemente desafiante y la consecuente respuesta conscientemente ambigua y misteriosa, con cara de yo-no-fui-pero-tal-vez-sí; un reencuentro con viejos anhelos y hobbies más viejos aún y, por si fuera poco, abandonados; el recuerdo de un violín que nunca se tuvo y de una melodía para flauta traversa que nunca se aprendió a tocar; una melancólica puesta en común de una infancia compartida a pesar de no haberse conocido; un proyecto de árbol encubriendo un fogoso accionar que hace tiempo que dejó de existir y dió paso al compartir de una vejez tranquila y feliz, y el darse cuenta de que en verdad tal árbol no hace falta pero queda lindo igual, a pesar de que lo que tiene de árbol es sólo un proyecto de ser verde y tener hojas; un aleteo molesto y constante; una casa llena de papaítos-piernas-largas; mucha tierra, mucha mugre, dos catres sin armar, dos colchones sin inflar y fácilmente 20 latas de conserva que van desde palmitos y champignones hasta peras en almíbar. Ah sí, y muchísimas mariposas, de todo tipo de colores, tamaños y formas.
Nunca había visto tantas. Cosas. Y mariposas.