Un holandés que se reía como nene, a carcajadas, por nada, por una sonrisa, una mirada pícara, un chiste tonto, un “no entendí”.
This is my heart
This is my heart
This is my center
This is my heart.
This is my heart
This is my center
This is my heart.
Feel it in your heart
Feel it in your hands
Feel it in your little finger
Feel it in your thumb.
Feel it in your hands
Feel it in your little finger
Feel it in your thumb.
Drum with it
Play with it
Feel it in your tongue
Lick it
Feel it in your heart
Beat it.
Play with it
Feel it in your tongue
Lick it
Feel it in your heart
Beat it.
This is my heart
That is your heart
These, our hearts
Feeling
Drumming
Beating
Take me to your heart.
That is your heart
These, our hearts
Feeling
Drumming
Beating
Take me to your heart.
Un holandés divino, lleno de chispas, inventando poemitas así, de la nada, sentado en ronda donde el mar se mezcla con la arena y sonriendo con la boca, con las manos y con los pies.
Una señora ecuatoriana, pícara, honesta, risueña, servicial, aconsejándonos sobre amores, contándonos sus corazones, irradiando alegría, buena onda.
Contando que de tanta amistad con su papá, le contó cuando perdió el pudor y, ¡ay!, la obligaron a casarse. Contando que a los 40 conoció al amor de su vida, 17 años más chico, y que 10 años después seguía en la luna bañándose en miel.
Mompiche con sus amores, sus lunas, sus playas, sus fogatas a la noche, sus locos revoleando palos, sus surfistas ruludos y color camarón, sus arenas negras, blancas, rojizas, suaves.
Mompiche con sus lluvias, sus nublados, sus pocos despejados, sus sonrisas muy morenas y muy rubias, sus panes argentinos y sus tragos colombianos, su falta de internet, de teléfono, de médicos, su inmenso cielo abierto y sus cinco cuadras de largo.
Mompiche no anda a oscuras, pero tampoco espera el sol, porque cada sonrisa entre sus calles brilla fuerte y directo al corazón.
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