De repente, despertó.
No supo bien si fue debido al sueño, al ruido de la calle -cosa difícil ante el pesado silencio de las 4 de la mañana- o a un sonido proveniente del resto de la casa. Se dio vuelta, desvelada, mientras sus pensamientos vagamente se deslizaban por el borde de la cama, el piso, el marco de la puerta, el pasillo, otra habitación de la misma casa, otra cama...
Se preguntó si, quizá, esta noche, pero no, imposible.
Suspiró.
Un vaso de agua. Despejar la cabeza, dejar de soñar imposibles... Sí, eso podría servir.
Se levantó con esfuerzo; la pesadez y la belleza del sueño la invitaban a abrazarse a la cama otra vez. Parada, mareada, se frotó los ojos para quitarse las últimas imágenes de un deseo insatisfecho. Se arregló el short del pijama y fue descalza hasta la puerta. La abrió.
Una silueta se destacaba en el marco de la puerta, delineada por la pálida luz de la madrugada. Una mano se mantenía en alto en el aire como si, por haber estado tanto tiempo apoyada sobre la puerta, hubiera ya olvidado cómo bajar.
Ella se sobresaltó, luego entendió quién era.
Pensó en reprocharle con un "ay, qué susto", pero no, se contuvo: algo no encajaba. Esas cosas banales, superficiales, se dicen mirando hacia atrás, cuando el susto ya pasó. Pero en este caso el susto seguía ahí, enfrentándola desde la puerta. El susto de que él la estuviese mirando así, con toda la piel; el susto de que respire así, como ella; el susto de que lo que tantas veces soñó, lo imposible, se materialice de una forma tan real y contundente. Lo miró a los ojos y sintió el corazón palpitarle en la boca, en los labios.
Él se acercó y cerró la puerta tras de sí.
2 comentarios:
Buenisimo boluda, buenisimo.
Me encanto
"la pesadez y la belleza del sueño la invitaban a abrazarse a la cama otra vez"
Me siento muy identificado con eso jajaj
Posta que muy bueno, te felicito
Un beso
si.. que...
increíble texto =)
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