Abro los ojos.
Camino rápido. La ciudad me envuelve y agobia en la humedad, que se palpa, se respira, se transpira. Me caen gotas frías, indiscretas, me pinchan la nariz, un hombro, el dedo meñique. Camino. Casi corro. El libro y la tablet en una bolsa, en otra, y envueltos en el piloto. No me molesta mojarme yo, pero que no se me mojen las cosas.
Abro los ojos.
Una mochila con carrito, de la mano de un nene de uniforme, chiquito, con el pelo despeinado, de la mano de una señora de pollera larga y zapatitos. El nene mira un quiosco, mira las golosinas, se le traba la mochila, yo la esquivo y sigo.
Abro los ojos.
Una caca de perro, que esquivo apenas. El perro, unos metros más allá, sentado en el piso, empacado, mientras la dueña trata en vano de que siga caminando. El perro parece un felpudo con ojos, la señora, una prima lejana de las brujas de Salem. Paso por encima de la caca, por el costado del perro, por el frente de la señora y sigo.
Abro los ojos.
Dos policías, uno más acá, otro más allá, flanqueando la vereda, rota por las raíces ondulantes de un árbol viejísimo, que todavía debe estar preguntándose cuándo lo invadimos así, cuándo lo obligamos a esconder sus raíces como si fuera algo vergonzoso, cuándo lo obligamos a tolerar el ruido constante, el meo de los perros y la basura de la gente. Un tercer policía le hace señales a los otros dos, les indica un tres con la mano, los otros parecen entender y hacen algo. Paso entre medio de los policías, piso suavemente una raíz del árbol, lo miro con respeto y sigo.
Abro los ojos.
Estoy por cruzar la calle. Los autos están parados en el quilombo de una calle estrecha en el caos de las 6 de la tarde. Me llevo la mochila hacia adelante porque me está transpirando la espalda. Estoy por cruzar y aparece un taxista. Rapado, salvo por el flequillo que se dejó en la frente. No tendrá más de 20 años. Lo miro pero no a los ojos, me mira pero esquiva la vista. Trato yo, trata él, lo dejo pasar. Pasa otro atrás. Los dejo pasar, parada en la calle, y sigo.
Abro los ojos.
Al otro lado de la avenida una chica se esconde atrás de la espalda de un flaco. Se ríe, se esconde, lo abraza desde atrás. El chico mira a lo lejos, para cruzar, y le aprieta la mano. El semáforo da en rojo para los autos, en tipito blanco que camina para la gente. Cruzo, cruzan, nos cruzamos. La chica se sigue riendo, de la mano de él. Ella tiene las cejas pintadas y el pelo teñido, él, un morral y unas zapatillas naranja flúo. Llego a la otra vereda y sigo.
Abro los ojos.
Un chico corre en la esquina opuesta, con la funda grande de una guitarra en la espalda. Corre para no mojarse, yo lo miro porque creo que lo conozco, pero no. Él cruza, yo cruzo, nos encontramos en la esquina, él sigue corriendo, yo sigo.
Abro los ojos.
No hay nadie. Espero sola en la esquina para cruzar, siento las gotitas cada vez más pesadas en la ropa, en la cara, en el pelo. Miro al cielo. Estoy abajo de un parche celeste de cielo despejado, pero me llueve igual. El cielo está indeciso, tiene manchones grises, huecos celestes, franjas blancas. Llueve. Está en rojo, pero no pasan autos. Cruzo y sigo.
Abro los ojos.
Otro par de ojos, y esta vez, me miran a mí. Ojos marrones, tranquilos, que disfrutan la lluvia. Me miran, me sonríen. De todas las personas, las cosas, los perros, los árboles, los autos, los caos, los mundos, me miran a mí. Eligen mirarme a mí, y me sonríen. Sonrío.
lejana
senderos bifurcables, universos compartidos, vuelos y extravíos.
sábado, abril 12, 2014
ver
Etiquetas:
lluvia,
piens,
que te cuento un cuento
Será que estoy más acostumbrada a este formato de blog. Será que todavía estoy buscando mi lugar, mi espacio. Será que la vida es medio transformista, con ese delirio que tiene de cambiar siempre. Será que a mi habitación le sienta bien la luz naranja, siempre con un puff, un libro y una ventana cerca. Será que me voy, será que volví. Será que esto de escribir hace rato que dejó de ser un ejercicio, y se me entumecen las manos. Será que mi mente se empeña en seguir igual, sin darse cuenta de hay cosas que sí, hay otras que ya no. Será que no puedo evitar ponerme abstracta y volada. Será que me resulta más fácil flotar que bajar al piso. Será que soy la misma de siempre, y otra que me olvido.
Mompiche
Un holandés que se reía como nene, a carcajadas, por nada, por una sonrisa, una mirada pícara, un chiste tonto, un “no entendí”.
This is my heart
This is my heart
This is my center
This is my heart.
This is my heart
This is my center
This is my heart.
Feel it in your heart
Feel it in your hands
Feel it in your little finger
Feel it in your thumb.
Feel it in your hands
Feel it in your little finger
Feel it in your thumb.
Drum with it
Play with it
Feel it in your tongue
Lick it
Feel it in your heart
Beat it.
Play with it
Feel it in your tongue
Lick it
Feel it in your heart
Beat it.
This is my heart
That is your heart
These, our hearts
Feeling
Drumming
Beating
Take me to your heart.
That is your heart
These, our hearts
Feeling
Drumming
Beating
Take me to your heart.
Un holandés divino, lleno de chispas, inventando poemitas así, de la nada, sentado en ronda donde el mar se mezcla con la arena y sonriendo con la boca, con las manos y con los pies.
Una señora ecuatoriana, pícara, honesta, risueña, servicial, aconsejándonos sobre amores, contándonos sus corazones, irradiando alegría, buena onda.
Contando que de tanta amistad con su papá, le contó cuando perdió el pudor y, ¡ay!, la obligaron a casarse. Contando que a los 40 conoció al amor de su vida, 17 años más chico, y que 10 años después seguía en la luna bañándose en miel.
Mompiche con sus amores, sus lunas, sus playas, sus fogatas a la noche, sus locos revoleando palos, sus surfistas ruludos y color camarón, sus arenas negras, blancas, rojizas, suaves.
Mompiche con sus lluvias, sus nublados, sus pocos despejados, sus sonrisas muy morenas y muy rubias, sus panes argentinos y sus tragos colombianos, su falta de internet, de teléfono, de médicos, su inmenso cielo abierto y sus cinco cuadras de largo.
Mompiche no anda a oscuras, pero tampoco espera el sol, porque cada sonrisa entre sus calles brilla fuerte y directo al corazón.
viernes, septiembre 06, 2013
el porqué
Un puente/un abrazo.
Fusión/fisión.
Paz/caos. lunalalunaalualuna
Amor/horror.
Encuentro/partida.
--
Cualquier puente.
Cualquier abrazo.
Todos los ríos.
Un Cortázar.
Fusión/fisión.
Paz/caos. lunalalunaalualuna
Amor/horror.
Encuentro/partida.
--
Cualquier puente.
Cualquier abrazo.
Todos los ríos.
Un Cortázar.
sábado, mayo 04, 2013
What is, is
and what wasn't, cannot be.
Everything is what it is;
no use is there in wondering
why not be
when it is not.
and what wasn't, cannot be.
Everything is what it is;
no use is there in wondering
why not be
when it is not.
domingo, abril 21, 2013
parle pour moi
"It wasn't the sex I craved. It was the joint cornflakes, the hand on my hip in the dark, somebody else's hair on my pillow. I needed the small presences of someone. I needed Sarah's little bits."
Robert McLiam Wilson
Eureka Street
lunes, abril 08, 2013
you did exist
didn't you?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)