sábado, abril 06, 2013

Un lindo día de 2012 (y que nunca les pase)


Nos pediste perdón. Que tengamos un lindo día, nos dijiste.

Y es que era un hermoso día. Sexto día de la primavera que esperé con una paciencia atroz, el tipo de paciencia derrotada que impone el curso natural de las cosas, que te impide tomar la vida por tu cuenta y, no sé, girar el planeta un par de grados hacia la derecha, o la izquierda, o arriba, cualquier cosa con tal de sincronizarlo con la calidez del sol, el canto de los pajaritos y los atardeceres a las 7 y no a las 5. Un hermoso día de picnic, de un encuentro espontáneo, con sanguchitos de jamón, queso y tomate, y un cuchillito que no corta. Que nos daba gracia, el cuchillito sin filo, porque era como despanzurrar el tomate en vez de cortarlo. Como abrir el pan con las manos en vez de cortarlo. Y menos mal que no cortaba, fue el intento de chiste después. Menos mal, porque cuando llegaste a pedirnos plata fue lo primero que agarraste, disimuladamente. No sé si no me viste viéndote o sí, pero yo estaba segura de que algo tenías en la mano y de que el cuchillo no estaba. Y vos hablabas de que la pasabas mal, y que tenías que darle de comer a tus hermanas, y que vivías en las vías. Y nos dijiste que no querías jodernos el día. Y yo te miraba la mano escondida. Y nos empezaste a pedir una ayuda, algo de plata, para comer. Pero no, monedas no. ¿Cómo te iba a dar monedas? Un billete, nos pedías. Pero no, ¿cómo te iba a dar el de dos pesos? Que no me haga la loca, el billete grande me pedías. Y yo te miraba la mano. Y que saque ya un billete grande, que vos sabías que yo tenía. Y yo te miraba la mano. Ese no, ahí tenía uno de cincuenta. Los de diez también. Ah, mirá, tenías razón, sí llegábamos a los cien. Y yo te miraba la mano, y lo miraba a Tin. Y Tin buscaba en los bolsillos, el de dos no, el de veinte. Y Tin te miraba la mano, y me miraba a mí. Y que vos no querías el cuchillo, lo ibas a devolver. Pero que lo ibas a dejar lejos, porque en realidad lo agarraste porque pensabas que te íbamos a lastimar. ¿Cómo te íbamos a lastimar? Y sí, pero no sabías, por las dudas. Y que vos no les robás a los pobres, les robás a los que sabés que tienen. Que tenés problemas, vivís en las vías, tenés que darle de comer a tus hermanas. Sí, nosotros también tenemos que comer, pero vos no les robás a los pobres, les robás a los que tienen plata. Y que el cuchillo no lo querés más, que lo dejás acá, pero que no te hagamos nada. Que te perdonemos, flaco. ¿Que por qué Tin no te quiere dar la mano? Y, porque no fue una situación linda. Sí, no fue linda, pero nos pedís perdón. Y que pasemos bien, que tengamos un lindo día. Es un hermoso día.

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