sábado, septiembre 29, 2007

(im)perfecto, o delirios invernales sobre un árbol y una plaza (post tardío)

Un árbol perfecto al lado de una plaza llena de árboles imperfectos. Una plaza del tipo "cada cosa en su lugar, nada fuera", y afuera, el árbol. Afuera, pero cercano, ya que lo único que lo separa son las rejas blancas que delimitan la plaza. Adentro crecen flores y otros árboles, secos, viejos, amargados por el crudo invierno. Y fuera de la reja, irreal, majestuoso, el árbol perfecto, con su follaje exhuberante, increíblemente verde. Tan verde, que más que invierno, parece verano, y más que verano, parece vida.
Plaza Emilio Mitre. Desde el momento en que se pasan las rejas, ya la sensación es diferente. Es entrar a otro mundo, a otra dimensión, a una plaza de muñecas. Súper prolija, con juegos infantiles en el medio, la silueta de ese edificio semi gótico que nunca supe bien qué es detrás de los árboles desnudos, del mismo color que sus troncos, tan viejo como ellos, tan contrastante y artificial como la misma plaza. Y en el otro extremo, justo en frente, justo fuera de las rejas, el árbol. ¿Qué clase de árbol es? No lo sé, es un árbol que se llama árbol, de la misma forma en que los gatos del Jardín Botánico se llaman gatos y los perros callejeros se llaman perros. No tiene raza, no tiene tipo, es 100% árbol. ¿Por qué las plazas acá son tan artificiales, tan parecidas a una plaza dibujada y tan distintas a las plazas que yo conozco? Las plazas en las que crecí eran uno con los árboles y con la tierra, con el pasto y hasta con las baldosas. No había diferencias, no habían divisiones: las flores, si había alguna, crecían en donde debían crecer y no en espacios especialmente delimitados, formando figuras y separadas por colores. Los árboles no estaban agrupados por tipo ni especie, eran todos iguales y a la vez todos diferentes. Las baldosas no hacían presión sobre sus raíces sino que se dejaban levantar y amoldar por ellas con el tiempo y los años. El pasto tenía color y forma de pasto, y no era uniforme: habían espacios con más tierra y otros con más pasto. Acá se lo ve como si una máquina ultra eficiente los hubiera medido uno por uno y cortado exactamente iguales. Le da un aire, una apariencia de plaza de juguete, irreal, mientras que las plazas que yo conozcco son muy reales, tienen vida propia, son un sólo ente: los árboles, los juegos, la tierra, las baldosas, incluso el monumento. Tienen sabor y olor a tierra, y ese toque no-urbano que las asemeja tanto a aquella legendaria figura del bosque, y digo legendaria porque nunca estuve en uno y, de cualquier manera, dudo que sigan existiendo...es tan triste. Sólo el sonido de las hamacas es igual, pero eso se pierde en cuanto me doy vuelta a mirarlas. No son iguales.
Extraño mis plazas, pero a pesar de eso y de venir de un lugar tan cálido, me está empezando a gustar el invierno (irónicamente, justo ahora que empieza la primavera). El invierno y las plazas artificiales, salidas de un cuento y hechas en cemento.
Pero extraño igual. Será porque en las plazas que yo conozco, el monte se siente en todas partes. Está en la tierra, en el sol, en el calor, en la humedad. En los ojos de quien lo ha visto y lo añora profundamente. En el canto de las chicharras al caer la tarde, ahora reemplazado burdamente por el sisear de un colectivo. El árbol es perfecto, pero no pertenece a este mundo. Pertenece a otro, que yo conocí y que extraño, lleno de árboles perfectos y plazas en donde el tiempo es humedad y calor, suspendido entre la tierra y las hojas.

En fin... más allá de los árboles y lo verde o lo gris, se acerca fin de año, el calor y las ganas de volver a mi casa. Melancolía, le dicen.

4 comentarios:

Bigmaud dijo...

Oh, los árboles, son magníficos, entre otras cosas nos brindan refugio en contra del sol, nos cubre y proteje cuando es demasiado agresivo.

Y purifica el dioxido de carbono por si fuera poco, es que son una maravilla.

Un abrazo.

Hogenheim dijo...

Muy, MUY lindo el Post.

Me lo leí entero, con eso te digo todo jajajja

A mi, la verdad, me gusta que cada cosa este en su lugar y que haya pasto verde y suave por toda la plaza :P Será el obsesivo en mi.


Era tiempo que actualizaras ajjaja

Besos y nos vemos

Alina Golondrina dijo...

gracias muchachos, y sí, es cierto, son maravillosos, tanto los árboles como las cosas desparejas :P

jajaj perdona tom, pasa q no tengo esa naturaleza obsesiva, eso te lo admiro xq yo tiendo a ser todo lo contrario.

ah! joyrider, lo que dijiste sobre el refugio y la purificación del aire me dio mucha sensación de frescura...nice

abrazos.

momo dijo...

sinceramente: no lei tu post, en algun otro momento lo haré
pero quería expresar cuan de acuerdo estoy con el anterior.
que sólo tal vez.

un abrazo!