lunes, julio 09, 2007

you belong to me, my snow white queen...

Remolinos de magia pura, helada, blanca, risas contagiosas en la inmensa humedad de la noche, charcos de agua, más risas, manos entumecidas, luz, nieve en el ojo, en los párpados, en las orejas, en la nariz, en la boca, en los labios, en la lengua, nieve en todos lados, en espirales hacia el centro y hacia arriba, cubiertas por el manto de invisibilidad de la noche para reaparecer sorpresivamente bajo el haz de luz, copos grandes, formados, maduros, no como los que aparecían a la siesta, al principio, que no es nieve! que sí! nono, es llovizna! pero mirá, son muy grandes! te digo q no!! no puede ser niev...QUÉ ES ESO BLANCO!? y sí, era nomás, nieve pura blanca blanca nieve blanca magia blancos sueños blanca sorpresa en un día demasiado gris como para esperar alguna, demasiado igual como para ser tan diferente, demasiado insulso como para guardar en sus entrañas un misterio tan grande, terrible y hermoso como que caiga nieve en Buenos Aires. ¿Cuándo fue la última vez? Ah sí, 89 años atrás, "ah sí" como si me acordara, como si la hubiera visto, como si hubiera sido yo y no Alfonsina quien leía esos poemas en el bar de aquél sábado de junio, como si hubiera sido yo y no otro quien salía de ver películas de Carlos Gardel y sorprenderse ante tan inesperado milagro, como si hubiera sido yo y no otra, lejana, en otra vida y otra piel admirando la blanca espesura del aire, eternamente atrapada en un deja vu sin razón y empapado de sentido, en un cuento de Cortázar sin principio y sin final, tan real como el tiempo, tan palpable como el frío, tan ligero como un, bueno, como un copo de nieve, por qué no?

Y aún así, aún siendo la primera vez, me recuerda a tantas cosas vividas como si fueran propias, hasta que incluso se me haga imposible separar mi realidad de esa otra, siempre presente, subyascente, underlying, intangible pero latente. Creo que la primera vez que vi nevar (en una película, claro está, porque en Misiones se me complicaba bastante) fue de la mano de Tim Burton, con Edward y sus maravillosas manos lo suficientemente hábiles como ser la explicación perfecta para el orígen de la nieve, esa misma nieve que, según algunos, parece ser la única diferencia entre dos mundos tan distantes entre sí que los años luz q los separan se hacen difusos hasta que no quede más que la nada misma - o un océano de nieve, por qué no? - .